jueves, enero 17, 2013
Antonio Muñoz Molina, Amor al arte, El País/Babelia 12/01/2013
"...Nunca había leído un libro que, como La Buena Novela, de Laurence Cossé (Boulogne, Billancourt, 1950), abordara esta pasió por los libros de forma tan sistemática y total. Y no ya la pasión creativa (Thomas Mann y su Doctor Faustus sería aquí, seguramente, el ejemplo más insigne), sino por todo lo que rodea al libro: editores, libreros, lectores que ansían comprarlos, coleccionarlos, compartirlos.
Esta novela de novelas me ha encantado, aunque no dejo de preguntarme si la disfrutarán tanto como yo aquellos que no comparten mi pasión fundamental. ¿Por qué puede apasionar tanto la literatura?, esa el la pregunta que late tras este libro. Para mí la respuesta es clara: porque es una condensación de la existencia, una recreación -comprimida y esencial- de ese maremágnum que llamamos vida.
Lo que aquí se cuenta es la historia de un grupo de insensatos que, hartos de la literatura como industria y del libro como mercancía, deciden abrir una librería en la que sólo se vendan obras maestras. Buscan esa extraña y maravillosa complicidad que da el amor a los libros..."
Pablo D'Ors, "Bibliofilia Asesina", Abc/Cultural 12/01/2013
miércoles, junio 20, 2012
"Los acontecimientos de este mundo nada pueden contra tí mientras te niegues a tomar parte en ellos; el desvarío de la época no es una calamidad real mientras conserves tu claridad de ideas. E incluso los peores de estos acontecimientos, las aparentes humillaciones, los golpes del destino, los vives sólo en tanto que te muestras débil ante ellos, pues ¿quién sino tú mismo les otorga valor e importancia, les atribuye placer y dolor?. Tu yo no puede ensalzar ni denigrar nada excepto a tí mismo: ni siquiera a la presión exterior más fuerte le resulta fácil neutralizar a quien se mantiene interiormente firme y libre. Siempre, pero sobre todo cuando el individuo vea amenazadas su paz interior y su libertad, la palabra y el sabio consejo de Montaigne serán un alivio, pues nada nos protege más en una época de confusión y de bandos opuestos que la lealtad y el humanismo. Basta una hora, o media, con su libro para encontrar una palabra correcta y alentadora. Siempre y cada vez, lo que él dijo hace siglos sigue siendo cierto y válido para todo aquel que luche por su propia independencia. A nadie debemos estar tan agradecidos como a aquellos que, en una época tan inhumana como la nuestra, fortalecen el elemento humano que hay en nosotros; a aquellos que nos exhortan a no renunciar a lo único indeleble que poseemos, nuestro yo más íntimo, a pesar de todas las presiones y obligaciones externas, temporales, estatales o políticas. Pues sólo aquel que se mantiene libre frente a todo y a todos, conserva y aumenta la libertad en la tierra."
martes, mayo 22, 2012
miércoles, febrero 09, 2011
Vida de Samuel Johnson, de James Boswell
"El sábado 30 de julio el doctor Johnson y yo tomamos un balandro con remero en las escaleras del Temple y emprendimos por el Támesis la travesía hasta Greenwich. Le pregunté si realmente creía que el conocimiento del latín y el griego era requisito esencial de una buena educación. JOHNSON: «Sin duda alguna, pues quienes conocen estas lenguas tienen una gran ventaja sobre quienes no las conocen. Asimismo, es asombrosa la diferencia que la preparación establece entre las personas, incluso en las relaciones corrientes de la vida, que no parecen guardar mayor relación con ella.» «Y, sin embargo-dije-, la gente va por el mundo como si tal cosa y lleva adelante sus negocios y su propia vida sin preparación alguna.» JOHNSON: «Bien, señor, eso puede ser cierto en casos en los que lo aprendido no tiene ninguna utilidad; por ejemplo, este muchacho que rema nos conduce tan bien, desde luego, como si supiera cantar la canción de Orfeo a los argonautas, que fueron los primeros marinos.» Y preguntó al muchacho: «¿Qué darías tú por saber quiénes son los argonautas?» «Señor-respondió-, daría lo que tengo.» Johnson quedó encantado con su respuesta, y le dimos el doble de lo que quiso cobramos por la travesía del río. Luego, se volvió hacia mí. «El deseo de saber es sentimiento natural de la especie humana, y todo ser humano cuyo entendimiento no esté pervertido y corrupto estará presto a dar lo que tenga con tal de adquirir conocimientos.»
Desembarcamos en la Posada del Cisne Viejo y paseamos hasta Billingsgate, donde tomamos otro bote y discurrimos suavemente por las aguas plateadas del Támesis. Hacía un día espléndido. Nos distrajimos con las numeroosas y variadas embarcaciones ancladas, y con el hermoso paisaje de ambas orillas."
A.D. 1763
domingo, agosto 15, 2010
lunes, noviembre 16, 2009
Lo que no puede hacerse salvo trabajosa o complicadamente tiende a dejarse. Lo incómodo de las ventanas escocesas hace que nunca se abran. Nuestros vecinos del norte aún no se han planteado la necesidad de ventilar las estancias, y no es de extrañar que el visitante, incluso en casas de buena traza y elegante mobiliario, suspire en ocasiones por un poco de aire fresco.
Fijarse en estas minucias parece detraer algo de dignidad a la palabra escrita, y en consecuencia no se mencionan sino con cierto escrúpulo y recelando desaires y menosprecios. Pero hay que recordar que la vida no consiste en una serie de hechos ilustres o goces donosos, y que pasamos la mayor parte del tiempo atendiendo a nuestras necesidades, cumpliendo con nuestros deberes diarios, solventando los problemas de poca monta, procurándonos pequeños placeres. Y que nos encontramos a gusto o a disgusto según si nuestra vida discurre apaciblemente o si, por el contrario se altera a menudo con estorbos e impedimentos. El verdadero estado de las naciones es el estado de la vida diaria. No ha de buscarse el civismo de un pueblo en los grandes centros educativos o palaciegos, donde el carácter nacional se difumina y desdibuja por los viajes y el estudio, por la filosofía o la vanidad; ni tampoco hay que evaluar la felicidad pública por las fiestas de los disipados o los banquetes de los ricos. La inmensa mayoría de la gente no es ni rica ni disipada; al pueblo en su conjunto hay que buscarlo en la calle, en las aldeas, en los talleres y en las granjas; y de él debe tomarse nivel de la prosperidad colectiva. Una nación se va perfeccionando a medida que el pueblo accede a lo exquisito, y en el momento en que se multiplican las comodidades, es cuando a una nación –al menos a una nación comercial—se la puede llamar rica.
viernes, octubre 30, 2009
2) La basura se recoge según; según el ayuntamiento pague o no, y cuánto pague, de la inmensa deuda que mantiene. Y así con todo.
3) Cortan la luz, de pronto. Y luego ves a los del servicio de aguas hurgando; yo, la verdad, ya no quiero saber qué pasa.
Por lo menos no eran los del gas, que siempre mete más miedo.
Como diría Liniers, "gente que anda por ahí"
martes, septiembre 22, 2009
1) Origen biológico de la religión, artículo donde Luis Alberto de Cuenca opina favorablemente, y me abre el apetito por leer La creación de lo sagrado de Walter Burkert.
2) En el artículo titulado Sabiduría antigua y ciencia nueva, por Isidoro Reguera, se comentan dos libros, que puede que traten acerca de textos antiguos, pero el tema es eternamente actual, uno de ellos Armonía de las esferas de Jocelyn Godwin (editor), y el otro Dioses y mitos de la India.
3) Cuatro cajas para conservar el fuego, artículo de Xoán Abeleira, informa de algunas novedades editoriales de indudable interés, surrealistas.
4) Una columna, titulada Norte y Sur de la literatura que escribe Andrés Ibáñez en su sección llamada Comunicados de la Tortuga Celeste, da que pensar.
5) Lo mejor, para el final. Un libro de uno de esos escritores que te gustan sin más, naturalmente, incondicionalmente, Georges Perec, y lleva un título que inmediatamente llamaría la atención, aunque ni siquiera lo conociéramos de nada: ¿Qué pequeño ciclomotor de manillar cromado en el fondo del patio?.
martes, septiembre 08, 2009
Porque no puedo resistir la curiosidad, porque al ver esa portada he murmurado 'piezas de a ocho' como quien formula un conjuro, porque se me ha despertado la codicia, por mil razones y ninguna razonable.
Long John Silver, espero que no me decepciones.
jueves, julio 23, 2009
15 de agosto de 1827.- Mi hospedero ha colocado flores ante un pequeño busto de Napoleón que hay en mi habitación. Mis amigos conservan definitivamente sus habitaciones en la plaza de España al lado de la escalera que sube a la Trinita dei Monti.
Supongan dos viajeros bien educados, que recorren juntos el mundo; cada uno de ellos se complace en sacrificar al otro sus pequeños proyectos de cada día y, al fin del viaje, resulta que se han incomodado constantemente.
¿Son varios los que quieren ver una ciudad? Se puede convenir una hora por la mañana, para partir juntos. No se espera a nadie; se supone que los ausentes tienen razones para pasar solos esa mañana.
Por el camino, se acuerda que aquel que se coloca un alfiler en el cuello de su traje se vuelve invisible; ya no se le habla. Por último, cada uno de nosotros podrá, sin faltar a la educación, viajar solo por Italia e incluso volver a Francia; ésa és nuestra carta escrita, y firmada, esta mañana en el Coliseo, en el tercer piso de los pórticos, sobre el sillón de madera que allí colocara un inglés. Por medio de esta carta esperamos querernos al volver de Italia tanto como al venir.
Este blog magnífico sigue estos paseos de Stendhal por Roma, obra a obra, una maravilla de dedicación.
domingo, julio 19, 2009
Para un pintor, quizás el destino más agradable, y el más justo, sea convertirse en un color, como Dafne en el laurel. Eso le sucedió a Tiepolo con Proust. En toda la Recherche, tan colmada de referencias a la pintura, no se habla nunca de una obra de Tiepolo. Pero su nombre aparece en tres ocasiones, y cada vez con referencia a una mujer distinta: Odette, la duquesa de Guermantes y Albertine. Son las tres mujeres sobre las que más ha fantaseado Marcel, las que más lo han hecho sufrir (incluso a través del desdoblamiento en Swann), las que han acompañado su vida como una estela brillante y triple.
Para Marcel, Tiepolo fue ante todo bata de Odette. A sus ojos de joven y empecinado adorador, ninguna de las toilettes con las que Madame Swann aparecía en sociedad era ni de lejos comparable con la «maravillosa bata de crêpe de Chine o de seda, rosa antiguo, cereza, rosa Tiepolo, blanca, malva verde, roja, amarilla, lisa o con dibujos, con la que Madame Swann había desayunado y que estaba a punto de quitarse». Como fiel adorador, Marcel deploraba que no saliese vestida de ese modo, y recordaba que entonces Odette «reía, para jugar a la indiferencia o por el placer del cumplido». Acaso entre Odette y Marcel no se repetiría nunca un momento de tal intimidad, protegido por el color que se desprendía de la gama de la bata: el «rosa Tiepolo».
Con la duquesa de Guermantes, años más tarde, se produciría otra epifanía tiepolesca. Esta vez pública y luminosa, cuando la duquesa se mostraba con «su capa de noche, de un magnífico rojo Tiepolo»...
El último fue el Tiepolo de Albertine, que existe esta vez en el forro de una bata, como en las transmigraciones budistas. De nuevo impregnado en el aura de su lugar de origen: Venecia.
miércoles, junio 10, 2009
2) Deconstruyendo a Darwin, Javier Sampedro. Éste es un libro que yo recomendaría leer a cualquiera que tenga interés en este tema (a mí me parece fascinante) y quiera acercarse. Primero, está escrito, tal como suele escribir Sampedro sus artículos, con un estilo claro y dándole la intriga necesaria. Segundo, ¿he dicho ya que este tema me parece fascinante?.
3) voy a seguir leyendo algunas novelas policíacas de Camilleri, porque me han entrado ganas de releer todo Montalbano; debe ser que se lo pasa uno tan bien acompañándolo (aunque a veces lo pase tan mal), que no quieres dejarlo tan pronto, es como acompañar un trecho más a un amigo por seguir charlando un rato, por no separnos aún.
domingo, mayo 10, 2009
2) Ya había contado que me gusta la serie Life, aunque la segunda temporada ya no tiene esa chispa de la novedad, pero mantiene suficientemente la sorpresa, y el interés por el embrollo. Los personajes son de los que perduran en la memoria, y éso es señal clara de que la serie escapa al anodino panorama televisivo.
3) Me han regalado los tomazos de Este rodaje es la guerra, y estoy disfrutándolos, y mucho. Curiosamente, creo que nunca me los hubiera comprado, pero ahora, cuando los leo tirada en la cama (con grave riesgo de hundirme una costilla), no puedo imaginarme no tenerlos.
4) Deseando ver Ponyo en el acantilado, y también Up, y al mismo tiempo, temiendo el momento. Paradojas de la expectación.
5) La Alicia que promete Tim Burton despierta tantas ansias, tantos rumores, y con tanta antelación, que creo que me he agotado antes de empezar a esperarla. Y éso que, como casi todo lo que hace, parece el proyecto perfecto para él (al menos, será interesante saber qué hace con ello, qué nueva inquietante estética es capaz de ofrecernos)
miércoles, abril 08, 2009
El gen egoísta me ha parecido algo anticuado, pero está bien remontarse a las primeras exposiciones de una teoría, puede ahorrarte toda la palabrería con la que glosadores, intérpretes y comentaristas suelen ofuscar las cosas. El estilo divulgativo a veces me cansa un poco, pero ésa es una impresión puramente personal.
2) Los Ensayos de Montaigne me sirven siempre para tapar el hueco entre dos lecturas, son un recurso infalible para los momentos de impasse.
3) Un libro sobre Palladio, de la editorial Taschen, sacado de la biblioteca pública, me espera en la mesita de noche.
Anteriormente, Astérix y Obelix ocuparon ese puesto, muy dignamente.
4) He comprado alguna novelita de Alexander McCall Smith, que tienen una pinta detectivesca y entretenida que me ha parecido atractiva (quizás sea el colorido de la portada y el precio de la edición de bolsillo: soy influenciable). Y además, sigo con Fred Vargas, pero éso ya son palabras mayores, en toda la amplitud del término.
jueves, marzo 05, 2009
Un granjero de visita
Gérard Genette contó* la historia de un próspero granjero americano que vino a Francia a visitar a un primo lejano, también campesino, aunque mucho más modesto.
-Yo -dijo el americano- salgo en coche por la mañana de mi granja y al anochecer aún no he salido de mi rancho.
-Ya -le respondió el primo-, yo también tuve un coche como ese.
Genette añade: "El principio de este chiste es evidente, pero, por alguna razón que se me escapa, me parece especialmente sabroso el adverbio antaño".
*Esta historia la cuenta Gérard Genette en Bardadrac, Seuil, París, 2006.